El
almacén quedaba en uno de los peores barrios de la ciudad. En el letrero de la
entrada decía: “Se venden esposos, maridos y amantes”. Ella, entró
desprevenidamente y buscó el estante de las ofertas, de esas que suelen tener
precios rebajadísimos, pues son sobrantes de mala calidad que nadie quiere
obtener; el dependiente se acercó y ella le pidió que le vendiera el más barato
que tuviera. -¿Esposo, marido o amante?-, preguntó este. -No importa-, respondió
ella, -lo que importa es no seguir sola-; sin pensar siquiera que es mil veces
mejor estar solo que mal acompañado. -¿Se lo empaco, o se lo lleva puesto?-. -Me
lo llevo puesto, tengo afán- dijo ella; sin darse cuenta que junto con la
envoltura, el dependiente, arrojaba también a la basura las instrucciones
mínimas de manejo que ella luego tanto añoraría...
- malasico -
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